La experiencia sensorial de la carne cultivada

La carne cultivada ha dejado de ser una idea futurista para convertirse en un campo de investigación con un enorme potencial tecnológico. Sin embargo, uno de los mayores desafíos sigue siendo ofrecer una experiencia sensorial perfecta.

La ciencia trabaja hoy en reproducir no solo las células musculares, sino también el sabor, el aroma, la jugosidad y la textura que definen el placer de comer carne. ¿Cómo será la experiencia de degustar carne cultivada a nivel sensorial?

El sabor: la química detrás del umami

El sabor de la carne proviene de una combinación compleja de aminoácidos, nucleótidos y grasas, que interactúan durante la cocción para generar compuestos aromáticos. Un estudio comparativo publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos analizó tejido muscular cultivado a partir de células satelitales de pollo y vacuno y los resultados mostraron que el ácido glutámico, uno de los principales responsables del sabor umami, se mantenía estable en el tejido vacuno cultivado.

Además, un articulo publicado por la revista Phys procedente de la Universidad de Tokio  muestra que a medida que las células bovinas envejecen en cultivo, aumentan los niveles de aminoácidos libres, incluidos el glutámico y el aspártico, lo que podría incluso potenciar el sabor umami de la carne cultivada.

El aroma: el papel fundamental de la grasa

El aroma y la jugosidad son aspectos esenciales que dependen principalmente de la grasa. En 2023, en otro estudio también procedente de la Biblioteca Nacional de los Estados Unidos se desarrolló la idea de cultivar tejido adiposo a partir de células madre derivadas de grasa en hidrogeles tridimensionales de colágeno, reproduciendo la estructura natural del tejido graso.

Los resultados fueron sorprendentes: se detectaron 28 compuestos orgánicos volátiles, como aldehídos y cetonas, los mismos responsables del característico olor al cocinar carne. Además, muchos de estos compuestos aparecieron en concentraciones similares a las de la grasa subcutánea porcina natural.

La textura: ingeniería de tejidos para masticar “carne real”

La textura típica de la carne tradicional, caracterizada por esa resistencia y elasticidad al morder, es quizás el aspecto más difícil de igualar. Para conseguirlo, los científicos emplean andamios comestibles (scaffolds) que guían la alineación de las células musculares y permiten formar fibras tridimensionales similares a las del músculo animal.

Según este estudio dedicado a la textura de la carne cultivada y publicado por la revista Scientific Reports se ha logrado que muestras de carne cultivada alcancen valores de firmeza y módulo elástico dentro del rango de productos comerciales, como pechuga de pollo o salchichas. Aquí entran en juego la  fibrosidad, cohesión y elasticidad del músculo, logrando una experiencia de masticación auténtica.

Hacia una experiencia sensorial completa

Todos estos avances han facilitado acercar la carne cultivada a una experiencia sensorial real. Aunque persisten desafíos, como igualar los niveles de nucleótidos o replicar tejidos grandes con vascularización, la ciencia está demostrando cómo el sabor, el aroma y la textura pueden reproducirse con precisión.

Bio.Tech.Foods.
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